
La costa del silencio no es una canción de amor. Es la historia de un barco, y hoy se cumplen veinticuatro años.
El 13 de noviembre de 2002, el petrolero Prestige se partió en una tormenta frente a Galicia, en la Costa da Morte, la costa de la muerte. Seis días después se hundió con setenta y siete mil toneladas de combustible.
La marea negra llegó a más de mil playas de España, Francia y Portugal. Y miles de voluntarios bajaron a limpiar la costa.
Txus di Fellatio, letrista de Mägo de Oz, lo convirtió en canción para Gaia, en 2003.
Y ahí empieza lo raro: en la canción no habla un pescador ni un político. Habla el mar.
Un mar que se queja tan bajito que nadie lo escucha. Un dolor tan hondo que se muere una costa entera. Un barco que encalla y se desangra en su propio lecho.
Y detrás de todo está la ambición: una tierra que agoniza por interés.
Según Txus, no es una canción política sino humanista: lo que le hagas al mar, el mar te lo devuelve.
Por eso el estribillo no acusa a nadie. Invita. Ven, quiero oír tu voz, y si aún nos queda amor.
La solución, dice, está dentro de cada uno: salvar lo bello que queda.
Fue el primer sencillo de Gaia y llegó al número uno en Los 40 Principales.
Y en Galicia la marea negra dejó un lema: Nunca Máis, nunca más.
La costa se recuperó. La canción se quedó para recordarlo.







