
Iron Man, de Black Sabbath, no era de Marvel. Tardó treinta años en ganar un Grammy, y Marvel no quería pagar por ella.
Birmingham, diciembre de 1997. Ozzy Osbourne, Tony Iommi, Geezer Butler y Bill Ward tocan en casa y lo graban: lo primero de los cuatro juntos desde 1978. Sale en 1998: Reunion.
En 1970, el Grammy ni tenía categoría de metal. Llegó en 1989. Ozzy la ganó como solista en 1994. Black Sabbath, nunca.
Hasta el 23 de febrero de 2000. La versión en vivo de Iron Man gana el Grammy a mejor interpretación de metal. La entrega ni se transmite. Sube Bill Ward, el baterista, de traje, y dice que se siente más contador que baterista de Black Sabbath.
Y ahí empieza lo raro. Julio de 2007, Comic-Con de San Diego: Marvel estrena el primer adelanto de su película con el riff de Sabbath. Hasta una semana antes, los jefes de Marvel no querían pagar los derechos. Jeremy Latcham, de producción, les dijo que sin esa canción el adelanto no era cool. Así de binario. Pagaron.
Mayo de 2008. Al final de la película, ante la prensa, Robert Downey Jr. improvisa: yo soy Iron Man. Corte a negro, y entra la canción de Sabbath, que abre con esa misma frase. Después de los créditos aparece Nick Fury, y ahí arranca el universo de Marvel en el cine.
En Los Vengadores, de 2012, Tony Stark ya usa playera de Black Sabbath.
Treinta años para ganar un Grammy. Una semana para ganarse a Marvel.







