
Black Dog, de Led Zeppelin, se llama como un perro: un labrador negro sin nombre que vagaba por la casa donde grababan. Y en la letra no aparece ningún perro.
Headley Grange, Inglaterra, invierno de 1971. Una casa de piedra de 1795 que fue asilo para pobres, con la calefacción descompuesta. Afuera, un estudio móvil; adentro, Led Zeppelin grababa su cuarto disco.
La canción ya tenía riff. Lo escribió el bajista John Paul Jones en un tren. Era tan enredado que nadie lo seguía, así que le pidió a John Bonham que tocara en cuatro todo el tiempo: el riff caía solo en su lugar.
Jimmy Page conectó su guitarra directo a la consola, sin amplificador, y la grabó tres veces: izquierda, derecha y centro. Sonaba casi como un sintetizador. Robert Plant cantaba solo entre golpe y golpe, una idea tomada de Oh Well, de Fleetwood Mac.
Y ahí empieza lo raro. Faltaba el título. Por la casa andaba un labrador negro del que nadie sabía el nombre; le decían black dog. Cada noche desaparecía, y volvía de madrugada, agotado, a dormir todo el día.
La banda sacó su conclusión: el perro se iba de parranda. Y la canción se quedó con su apodo: Black Dog.
La letra habla de una mujer y de deseo; el perro no sale ni una vez. Black Dog abrió el cuarto disco de Led Zeppelin, que salió el 8 de noviembre de 1971. Hoy cumple 55 años.
Nadie supo cómo se llamaba el perro. La canción sí: se llama como él.







