
Los dos dedales que Tony Iommi lleva en la mano derecha empezaron como una botella de detergente y un pedazo de chamarra vieja. Todavía no toca sin ellos.
Birmingham, Inglaterra, 1965. Tony tiene 17 años y trabaja en una fábrica de láminas de metal. Es su último día antes de irse de gira. Una prensa le arranca las puntas del dedo medio y del anular. Es zurdo: es la mano con la que pisa las cuerdas.
Esa parte ya la conté en el video de los dedos de hierro. Esta es la de los dedales.
Derrite una botella de Fairy, el detergente para trastes, le da forma de dedo con un cautín y la forra con cuero de una chamarra vieja. A la medida de dos dedos.
Y ahí empieza lo raro. Con los dedales no siente las cuerdas y no puede doblarlas, así que usa cuerdas de banjo, más delgadas, y afloja la afinación. En 1971, para Master of Reality, baja la guitarra tres semitonos, y Geezer Butler baja el bajo con él. Así suena Children of the Grave. Menos tensión, menos dolor, y un sonido más grave y más pesado.
Sesenta y un años después sigue haciéndolos él. Un hospital le manda brazos protésicos de goma; él les corta las puntas de los dedos y tira el resto. El cuero sigue saliendo de una chamarra vieja, porque el nuevo no aguanta. Los cambia un par de veces por gira.
Una botella derretida y un retazo de cuero. De ahí salió el peso del metal.







