
El cuerpo y el mástil de la guitarra de Eddie Van Halen costaron ciento treinta dólares. Treinta años después, Fender vendió copias a 25,000 dólares.
California, 1977. Eddie tiene un problema. Quiere la palanca de vibrato de una Fender y el sonido grueso de una Gibson. Esa guitarra no existe. Así que la arma.
Le compra a Wayne Charvel un cuerpo de fresno de segunda: cincuenta dólares, por un nudo en la madera. Y un mástil de arce por ochenta. Le saca la pastilla doble a su Gibson ES-335 y la mete en el cuerpo. Deja una perilla, de volumen, con una tapa que dice Tone.
Y ahí empieza lo raro. Pinta el cuerpo de negro, lo cruza con tiras de cinta y lo rocía de blanco. Quita la cinta y quedan las rayas. Después dijo que no sabía por qué.
Con ella graba el primer disco de Van Halen, en 1978. Es la de la portada. Así suena Runnin’ with the Devil.
Harto de que se la copien, en 1979 le pone más cinta y pintura roja de bicicleta Schwinn. Bajo el puente mete una moneda de veinticinco centavos de 1971.
En 2007 Fender fabrica trescientas réplicas, con cada raspón y hasta la moneda. Eddie prueba una y no la distingue de la suya.
En 2019 se exhibe en el Museo Metropolitano de Nueva York. Eddie murió el 6 de octubre de 2020. Hoy la tiene su hijo Wolfgang, que graba con ella.
Ciento treinta dólares, cinta y pintura de bicicleta. La guitarra que no existía.







