
Kirk Hammett ya tocaba en Metallica y seguía yendo a clases de guitarra. Dos veces por semana. Con un maestro que después llenó estadios sin cantar una palabra.
Berkeley, California, 1978. Joe Satriani, un guitarrista de Nueva York, llega a dar clases en una tienda de guitarras usadas: Second Hand Guitars. Diez años ahí.
En 1981 entra un chavo de dieciocho años de una banda llamada Exodus: Kirk Hammett. Sus amigos iban con Joe y “se volvían increíbles de la noche a la mañana”. Quería lo mismo.
No tenía coche. Iba en bici cuarenta kilómetros, hora y media, llegaba sudando, descolgaba una guitarra de la pared y tomaba su clase. Y de regreso, otros cuarenta.
Y ahí empieza lo raro. El 11 de abril de 1983 Metallica corre a Dave Mustaine y ese mismo día audiciona a Kirk. Graba Kill ’Em All. Y en vez de dejar las clases, las duplica. Vuelve de gira con el disco y los riffs nuevos: “¿Qué toco encima de esto?”.
Joe le enseñó modos, escalas de tres octavas, arpegios, y a no mover los dedos de más. Kirk dice que todo eso está en Ride the Lightning.
Otros alumnos de Joe: Steve Vai, Alex Skolnick de Testament, Larry LaLonde de Primus, David Bryson de Counting Crows.
En enero de 1988 Joe dio su última clase. Fue a Kirk. Al día siguiente se fue a ser solista: Surfing with the Alien, un disco sin voz, llegó al veintinueve del Billboard y fue platino.
Kirk lo dice sin pena: “Es mi Yoda”.







