
El volumen se inventó en San Francisco. Enero de 1968: un trío llamado Blue Cheer saca un disco que la gente no puede oír de frente.
En 1967 el rock ya sonaba fuerte: Cream, Hendrix, el blues eléctrico. En Haight-Ashbury la psicodelia pintaba carteles. Blue Cheer buscaba otra cosa.
Dickie Peterson, bajista y cantante, había armado una banda de seis. Después de ver a Hendrix, la recortan a tres. Y suben todo. El nombre viene de una variedad de LSD. Su mánager, Gut Terk, había sido miembro de los Hells Angels.
En los salones de baile de la ciudad levantan muros de amplificadores Marshall. La gente de las primeras filas sale huyendo. Guinness los anota como la banda más ruidosa del mundo. Peterson lo dijo así: yo quería que la música fuera física, no solo un sonido.
Y ahí empieza lo raro. Graban en Hollywood, según Louder en tres días y casi sin mezclar. Toman Summertime Blues, un rocanrol de 1958, y lo aplastan: bajo distorsionado, guitarra que se derrama. El disco se llama Vincebus Eruptum. Sale el dieciséis de enero de 1968 y Summertime Blues llega al lugar catorce de las listas de Estados Unidos. Un trío de garaje en la radio de todos los coches.
Ese mismo año Steppenwolf canta heavy metal thunder en Born to Be Wild: la expresión suena por primera vez en una canción. Entre 1969 y 1970, Led Zeppelin y Deep Purple in Rock fijan el sonido.
Del blues eléctrico y la psicodelia sale el hard rock de riff. Primero fue el volumen. Después, todo lo demás.







