
Hay dos notas que, juntas, se llaman el diablo en la música. Dicen que la Iglesia las prohibió en la Edad Media. Tony Iommi las puso en el primer riff de Black Sabbath.
Se llama tritono: tres tonos enteros de distancia, como do y fa sostenido. Suena inestable, como una pregunta sin respuesta.
La leyenda dice que en la Edad Media los monjes tenían prohibido cantarlo. Pero no aparece en ningún documento. El apodo diabolus in musica aparece en tratados de 1702 y 1725, no en la Edad Media. Y Pérotin ya lo usaba en el siglo trece. Lo evitaban porque era difícil de cantar, no por el demonio.
Y ahí empieza lo raro. Birmingham, 1969. En un ensayo, Geezer Butler juega en el bajo con “Marte”, de Gustav Holst, que tiene ese intervalo. Al día siguiente Iommi llega con un riff de tres notas: una, la misma una octava arriba, y la tercera, un tritono. Iommi no sabía qué era un tritono: solo que se le erizaron los pelos del brazo.
Ese riff abre “Black Sabbath”, publicada el 13 de febrero de 1970, después de lluvia, truenos y una campana. Muchos la consideran el nacimiento del heavy metal.
Jimi Hendrix había abierto “Purple Haze” con el mismo intervalo en 1967. Y en 1998 Slayer tituló un disco entero Diabolus in Musica. Tom Araya decía que ejecutaban a quien lo usaba. No era cierto, pero el mito ya era parte del metal.
Nadie prohibió el tritono. Solo hacía falta alguien que lo tocara con distorsión.







