
Lars Ulrich quería ser tenista, no baterista. Y Metallica existe porque no entró a un equipo de preparatoria.
Gentofte, Dinamarca, 1963. Lars nace en casa de Torben Ulrich, tenista profesional con más de cien partidos de Copa Davis. El plan era claro: el hijo seguiría con la raqueta.
El niño era bueno: en juveniles, siempre entre los diez mejores de Dinamarca.
Pero en febrero de 1973 Torben juega un torneo en Copenhague y en el mismo recinto toca Deep Purple. Sobra un boleto y va a dar a Lars, de nueve años.
El tenis sigue: en el verano de 1980 la familia se muda a Newport Beach, California, para que Lars entrene en serio.
Y ahí empieza lo raro. Lars hace la prueba para el equipo de la preparatoria Corona del Mar. Siete lugares. No entra. Él mismo lo dijo: el sueño se cayó en una tarde.
En 1981 pone un anuncio en The Recycler, un periódico de anuncios de Los Ángeles: baterista busca metaleros para tocar Tygers of Pan Tang, Diamond Head e Iron Maiden. Le contesta un guitarrista llamado James Hetfield. Del primer ensayo, Hetfield sale pensando que Lars no sabía tocar.
Ese verano Lars se va a Inglaterra a seguir a Diamond Head y duerme semanas en el sofá del cantante. Vuelve con un lugar en un disco recopilatorio y le habla a Hetfield. El 28 de octubre de 1981 nace Metallica. Su primera grabación: Hit the Lights.
El mejor baterista que no fue tenista. Todo por siete lugares en un equipo de prepa.







