
En 2112, nadie sabe lo que es una guitarra.
La canción da nombre al disco de Rush de 1976: veinte minutos en un solo lado. La letra es de Neil Peart, que sacó la idea de una novela corta de Ayn Rand. Para no parecer plagio, escribió en el disco: con reconocimiento al genio de Ayn Rand. Años después lo matizó: en 1994 dijo que no era discípulo de nadie.
Un planeta gobernado por sacerdotes, con computadoras que deciden qué se ve y qué se oye. La música no está censurada: está borrada. Nadie recuerda que existió.
Un hombre encuentra una cueva detrás de una cascada. Adentro, bajo el polvo, hay algo de madera con cuerdas. No sabe qué es. Lo roza y suena. Aprende a tocarlo solo, sin que nadie le enseñe.
Y ahí empieza lo raro. Lo lleva ante los sacerdotes creyendo que les va a gustar. Lo escuchan en silencio hasta el final. Y le contestan que no. Que ese juguete ya ayudó a destruir a la raza antigua del hombre, y que su capricho no cabe en el plan. Lo destrozan a pisotones.
Esa noche un oráculo le muestra otro planeta, donde esa raza antigua sí vive de crear. Él sabe que nunca va a llegar.
El disco salía en el peor momento: tras un fracaso, la disquera les daba una última oportunidad y pedía algo comercial. Entregaron veinte minutos de ciencia ficción. Fue su primer disco en el top cien de Estados Unidos, y lo tocaron en su último concierto, en 2015.







