
Iron Man no es el de Marvel. La canción es de 1970, el superhéroe ya existía, y Geezer Butler ni sabía quién era: sus papás nunca lo dejaron leer cómics americanos.
Birmingham, 1970. Black Sabbath graba su segundo disco. Tony Iommi toca dos notas lentas, arrastradas, pensadas para sonar como alguien que se acerca por atrás. Ozzy las oye y dice que eso suena como un gran tipo de metal caminando. Butler lo recuerda así: hagamos una canción que se llame Iron Man, o Iron Bloke. El título llegó antes que la letra.
La letra cuenta esto: un hombre viaja al futuro y ve el fin del mundo. Regresa para avisarnos, pero en el camino atraviesa un campo magnético que lo convierte en acero.
Y ahí empieza lo raro. El acero lo deja mudo. Trae la advertencia que podría salvar a todos y no puede decirla. La gente lo mira, se burla y sigue de largo. Nadie lo ayuda.
Entonces se venga. Y su venganza es exactamente el apocalipsis que había visto en el futuro. El aviso provoca el desastre. El bucle se cierra.
Butler contó después que pensó en Jesucristo: héroe un día, perseguido al siguiente. Solo que este no perdona. Ni la voz del principio se sabe cómo se hizo: lo más probable es un modulador en anillo, el aparato que daba voz a los Daleks de Doctor Who.
Ozzy la cantó por última vez sentado en un trono, en Villa Park, Birmingham, el 5 de julio de 2025. Murió diecisiete días después.







