
El cantante de Iron Maiden pilotea el avión de la gira. No es una metáfora. Es capitán de línea aérea con licencia, y el avión es un Boeing 747 con el nombre de la banda pintado en el fuselaje.
Bruce Dickinson aprendió a volar en los años noventa, en Florida, por afición. Para los dos mil ya era capitán de Boeing 757 en Astraeus, una aerolínea chárter británica. En 2006 sacó a doscientos británicos del Líbano en plena guerra. Llevó a equipos de futbol a partidos en Israel e Italia.
Y ahí empieza lo raro. En 2008 Iron Maiden arma una gira mundial y, en vez de rentar un avión con piloto, renta un Boeing 757 y lo pilotea él. Lo pintan con el nombre Ed Force One, por Eddie, la mascota. Banda y equipo técnico vuelan juntos, con el cantante en la cabina.
En 2016 dan el salto: un Boeing 747, un jumbo, con doce toneladas de equipo en la bodega. Dickinson tiene que sacar la habilitación para ese avión antes de la gira.
Y el 12 de marzo de 2016, en el aeropuerto de Santiago de Chile, mientras lo remolcan para cargar combustible, el perno de dirección se sale, el avión pierde el control y choca contra el tractor. Dos motores dañados. Dos operarios heridos.
Traen motores nuevos desde Alemania y Arabia Saudita. Diez días después el avión alcanza a la banda en Brasil y la gira sigue.
Dickinson suma unas siete mil quinientas horas de vuelo. Y todavía canta Aces High, la canción sobre un piloto.







