
La canción que hizo famosa a Evanescence lleva un rapero que la cantante no quería. La disquera se lo impuso con una frase: eres una chica en una banda de rock, nadie te va a escuchar.
Little Rock, Arkansas, 1994. Amy Lee tiene doce años y toca el piano en un campamento de verano. Ben Moody la oye y le propone formar una banda. Graban demos durante años.
En 2001 los firma Wind-up Records. La disquera los manda a Los Ángeles dos años a preparar el disco.
Y ahí empieza lo raro. Los ejecutivos se niegan a sacar el álbum a menos que contraten a un cantante hombre. La banda dice que no. La disquera amenaza con retirarles el dinero.
Llegan a un acuerdo: al menos el sencillo principal tiene que llevar una voz masculina. Un rap.
Amy había escrito Bring Me to Life a los diecinueve, después de que un amigo le preguntara si era feliz. Ella no lo era. Ese amigo, Josh, hoy es su esposo.
Para cumplir con la disquera, ella misma escribe la parte rapeada, y la canta Paul McCoy, de la banda 12 Stones.
El sencillo sale en enero de 2003, dentro de la película Daredevil. Llega al número cinco en Estados Unidos y al número uno en Reino Unido durante cuatro semanas. El disco, Fallen, vende diecisiete millones de copias. En 2004 ganan dos Grammys, incluido mejor artista nuevo.
Amy lo dijo después: fue una píldora difícil de tragar.
En 2017 volvió a grabar la canción con orquesta. Sin el rap. Como la había escrito.







