
El nombre de AC/DC no lo inventó un músico. Lo leyó una hermana en la etiqueta de una máquina de coser.
Sídney, noviembre de 1973. Malcolm Young, de veinte años, arma una banda con su hermano Angus, de dieciocho. Tienen guitarras, un cantante que se llama Dave Evans y una fecha: la noche de Año Nuevo, en un club llamado Chequers. No tienen nombre.
Su hermana Margaret ve las letras A C, barra, D C en el adaptador de su máquina de coser. Corriente alterna, corriente directa. A los hermanos les suena a electricidad, a energía cruda. Se quedan con eso.
Y ahí empieza lo raro. Nadie les avisa que en la calle A C D C también quiere decir otra cosa: bisexual. Durante años se lo preguntan en las entrevistas. Ellos ni lo sabían.
Margaret vuelve a aparecer en abril de 1974. Angus ha probado subir al escenario disfrazado de Zorro, de gorila, de Superman. Ella le sugiere el uniforme de su escuela: saco, corbata, pantalón corto. Ese chico de escuela sigue en el escenario cincuenta años después.
En septiembre de 1974 entra Bon Scott. En 1977 un tipógrafo de Nueva York, Gerard Huerta, dibuja el logo con el rayo entre las letras para el disco Let There Be Rock.
Hoy AC/DC ha vendido más de doscientos millones de discos con un nombre que salió de la etiqueta de un aparato doméstico.
Una máquina de coser, un uniforme escolar y una hermana que resolvió las dos cosas.







