
System of a Down llenó una plaza de Yerevan con un concierto gratis. No cobraron nada. Era la víspera de un aniversario de cien años, y la banda existía, en parte, para esa noche.
Los Ángeles, 1994. Cuatro hijos de inmigrantes armenios forman una banda: Serj Tankian, Daron Malakian, Shavo Odadjian y John Dolmayan. Los cuatro descienden de sobrevivientes del genocidio armenio: un millón y medio de personas asesinadas por el Imperio otomano a partir de 1915.
Turquía, hasta hoy, lo niega.
En su primer disco, de 1998, la última canción se llama P.L.U.C.K. Son siglas: asesinos políticamente mentirosos, impíos y cobardes. La canción es sobre el genocidio.
Y ahí empieza lo raro. Una banda que se vuelve enorme con Chop Suey usa esa fama para exigir que Estados Unidos reconozca lo que les pasó a sus abuelos. Tankian y Dolmayan van a Washington y se reúnen con el presidente de la Cámara de Representantes.
En 2005 graban Holy Mountains, sobre el monte Ararat, la montaña sagrada de Armenia que hoy queda del lado turco de la frontera.
Y en 2015 hacen una gira por el centenario. La llaman Despierta a las almas. Termina en Yerevan, el 23 de abril, en la Plaza de la República. Es la primera vez que System of a Down toca en Armenia. Entrada libre. Treinta y siete canciones, dos horas y media.
Al día siguiente, 24 de abril, el mundo conmemora cien años del genocidio.
Tankian lo dijo después: sentía que la banda se había formado solo para ese día.
En 2021 Estados Unidos reconoció oficialmente el genocidio armenio. Veintitrés años después de P.L.U.C.K.







