
Chuck Schuldiner terminó de grabar su último disco un mes antes de saber que tenía un tumor en el cerebro. Le puso El arte frágil de existir.
Florida, marzo de 1999. Chuck tiene treinta y uno y es el fundador de Death, la banda que le dio nombre a un género entero. Lleva quince años gritando.
Y quiere hacer otra cosa. Desde 1993 lo dice: un proyecto de metal melódico, con un cantante limpio, al estilo de Rob Halford. Lo llama Control Denied.
Entre marzo y abril graba el disco. Doce años de death metal y por primera vez no canta él: escribe las canciones y las toca para que las cante otro.
Y ahí empieza lo raro. En mayo, el día que cumple treinta y dos años, le diagnostican un tumor en el tronco del cerebro. Los médicos le dicen que lo tenía desde niño. Nunca dio una señal.
El disco sale en noviembre de 1999. Es el último que terminó en su vida.
En enero de 2000 lo operan y le quitan la mitad del tumor. Sigue componiendo. Graba partes de un segundo disco.
En 2001 el tumor vuelve. Y su familia no puede pagar la cirugía. Otros músicos organizan una subasta para ayudar. No alcanza.
Chuck sigue escribiendo hasta el final. Su madre lo contó después: ese último año se exigió sin piedad. Decía que la música le salía solo bien, y bien no le bastaba.
Muere el 13 de diciembre de 2001, a los treinta y cuatro años. El segundo disco nunca se terminó.
El único que terminó se llama El arte frágil de existir. Lo grabó sin saber cuánta razón tenía.







