
El único número uno de Guns N’ Roses en Estados Unidos empezó como una broma para hacer reír al baterista.
Los Ángeles, 1986. La banda vive junta en una casa cerca del Sunset Strip. Ensayan en la sala.
Una tarde Slash está calentando y se pone a tocar una melodía de circo, saltando de cuerda en cuerda, mientras le hace muecas a Steven Adler. Un chiste. Un ejercicio de dedos con cara de payaso.
Izzy Stradlin le pide que lo repita. Y le pone acordes debajo. Duff mete el bajo, Adler el ritmo. Slash lo contó así: en una hora mi ejercicio de guitarra se había convertido en otra cosa.
Arriba, en su cuarto, Axl Rose lo oye a través del piso. Al día siguiente por la tarde ya tiene la letra completa: una canción de amor para su novia, Erin Everly.
Y ahí empieza lo raro. Cuando la graban, el productor Spencer Proffer les dice que le falta algo antes del final. Un descenso, un cambio.
Nadie tiene nada. Ponen el demo en bucle y Axl, sin darse cuenta, empieza a repetir en voz alta una pregunta que se está haciendo a sí mismo: ¿y ahora a dónde vamos?
Proffer le dice: canta eso.
Esa pregunta de estudio es el “where do we go now” que canta medio planeta desde entonces.
El sencillo salió el 3 de junio de 1988. Tres meses después estaba en el número uno del Billboard. Guns N’ Roses nunca volvió a tener otro.
Una mueca para el baterista, un vecino de arriba y una duda en voz alta.







