
Crazy Train está en tono menor, el de las canciones tristes. Y suena a fiesta. El secreto está en siete notas.
Rusper, Inglaterra. Primavera de 1980. En Ridge Farm, un estudio en una granja, Randy Rhoads, de veintitrés años, graba el riff que abre el primer disco solista de Ozzy Osbourne.
El riff está en fa sostenido menor. Todo gira alrededor de esa nota: se aleja y vuelve a ella una y otra vez.
Pero sus notas son las de la escala de la mayor, la más luminosa. Fa sostenido menor y la mayor son gemelos: las mismas siete notas con distinto centro. Y la canción brinca entre los dos. La intro, en menor. La estrofa, en mayor. El coro, otra vez en menor. Por eso suena oscura y alegre a la vez.
Y ahí empieza lo raro. El guitarrista Greg Leon asegura que le enseñó a Randy Swingtown, de Steve Miller, y le dijo: acelérala. El bajista Bob Daisley insiste: el riff era de Randy.
Daisley puso otra cosa: la parte de acordes sobre la que Randy toca el solo. En el disco, la guitarra arranca sola, y unos segundos después entran su bajo y la batería de Lee Kerslake.
Randy grabó con una Les Paul Custom blanca y un amplificador Marshall rentado. Y grabó el solo tres veces, idéntico. Según el ingeniero Max Norman: una guitarra al centro, dos más a los lados, y tú solo oyes una.
Una escala triste, tocada tres veces igual, en una canción que se llama tren loco.







