
Veinticinco de febrero de 1993. Palacio de los Deportes, Ciudad de México. Metallica toca la primera de cinco noches seguidas, y la ciudad todavía no se lo cree.
Desde Avándaro, en 1971, el rock vivió casi veinte años fuera de los grandes escenarios: permisos negados, hoyos fonqui. En 1989 Rod Stewart rompió el cerco, en Querétaro. En 1991 el Palacio abrió a los conciertos internacionales, con un eco que le valió el apodo de Palacio de los Rebotes.
Los boletos se conseguían formándose en taquilla, con el nuevo peso, que en enero le quitó tres ceros a la moneda. Ocesa se atreve a cinco fechas. Se agotan; la publicidad avisa que quedan pocos accesos para el dos de marzo.
Adentro, el escenario es un rombo con un pozo en medio: el Snake Pit, fans rodeados por la banda. Se apagan las luces, suena The Ecstasy of Gold y arranca Enter Sandman. Casi tres horas por noche.
Y ahí empieza lo raro. Las cinco noches se grabaron completas. El uno y el dos de marzo, con las cintas corriendo, rescataron canciones viejas que ya no tocaban: The Four Horsemen, Motorbreath, Battery.
El veintitrés de noviembre de 1993 salió Live Shit: Binge and Purge, la primera caja en vivo de Metallica. Los tres discos de audio son la Ciudad de México. Cuando en Creeping Death el público responde al grito, ese coro es mexicano.
Volvieron en 1999, 2009 y 2012, con ocho noches en el mismo Palacio. Pero las primeras cinco fueron en un país donde casi nadie venía. Y quedaron grabadas. Ciudad de México, 1993.







