
En 1979 el heavy metal estaba dado por muerto. Lo revivió un DJ en un pub de Londres.
En 1977 manda el punk: tres acordes, hazlo tú mismo. Sabbath, Purple y Priest siguen; nadie los mira.
En Kingsbury, al noroeste de Londres, Neal Kay pone metal en la trastienda del pub Prince of Wales: el Bandwagon. Guitarras de cartón, cabezas sacudiéndose. Su lista de las más pedidas sale cada semana en Sounds.
Una banda del este de Londres lleva tres años de furgoneta y pubs. Se llaman Iron Maiden. En enero de 1979 le dejan a Kay un casete grabado en Año Nuevo. Prowler sube al número uno. Sin disco ni contrato: solo un casete.
Y ahí empieza lo raro. El ocho de mayo de 1979 Kay junta a Angel Witch, Iron Maiden y Samson en el Music Machine. Entre el público, el periodista Geoff Barton. Su reseña en Sounds lo bautiza: Nueva Ola del Heavy Metal Británico.
Nadie espera a las disqueras: Def Leppard, cinco adolescentes de Sheffield, ya pagó su EP. En noviembre Iron Maiden imprime cinco mil copias de The Soundhouse Tapes y las agota por correo. Saxon, Diamond Head, Tygers of Pan Tang: cientos de bandas, guitarras dobles, más velocidad. Steve Harris odiaba el punk; el cantante Paul Di’Anno venía de ahí.
Febrero de 1980: Metal for Muthas. Abril: el primer disco de Iron Maiden entra al número cuatro. En California, un danés de dieciséis años los colecciona: Lars Ulrich.
Del heavy metal de los setenta y la energía del punk sale la Nueva Ola Británica. Un pub, un casete, una lista.







