
Stargazer no es una canción sobre un mago que vuela. Es sobre la gente que le construyó la torre.
Múnich, febrero de 1976. Ritchie Blackmore, recién salido de Deep Purple, graba el segundo disco de Rainbow en tres semanas. El riff lo compuso en un chelo, con una escala turca que casi ningún guitarrista se atrevía a tocar. Cozy Powell abre con la batería y la Filarmónica de Múnich entra al final.
Ronnie James Dio pone la historia, y la cuenta un esclavo en el Egipto antiguo. Su amo es un mago que mira las estrellas y se obsesiona con volar. Para lograrlo obliga a miles a levantar una torre de piedra en el desierto, con su carne y sus huesos.
Y ahí empieza lo raro. El mago sube, salta y cae. No vuela. La gente que dio la vida por él queda libre, y no sabe a dónde ir.
Dio dijo que era un cuento moral: sobre los falsos mesías, y sobre no perder la esperanza mientras dura el sufrimiento. La siguiente canción del disco cuenta qué hacen los esclavos cuando ya no hay amo. Y la frase que resume todo está en el segundo verso: bajo el calor y la lluvia, con látigos y cadenas, solo para verlo volar.
Blackmore se quejó de que la orquesta sonaba demasiado florida y le recortó partes. En 1981 los lectores de Kerrang votaron Rising como el mejor disco de heavy metal de la historia, y en 2023 Rolling Stone dijo que Stargazer era la mejor interpretación vocal de Dio en un disco.
El mago cayó. La torre sigue ahí.







