
Immigrant Song no es una canción sobre vikingos. Es sobre una banda de rock que se sintió vikinga por un día.
Junio de 1970. El gobierno de Islandia invita a Led Zeppelin a tocar en Reikiavik. Una huelga de funcionarios casi cancela el concierto; la universidad les presta un salón y tocan el 22 de junio. Robert Plant ve las barcas enormes con que los vikingos cruzaron el Atlántico y piensa: estos tipos llegaron desde aquí hasta Escocia.
Seis días después, en el festival de Bath, la canción ya existe.
La letra habla en primera persona: venimos de la tierra del hielo y la nieve, del sol de medianoche y las fuentes termales. El martillo de los dioses empujará nuestros barcos a tierras nuevas. Y el grito: Valhalla, ya voy. Es un navegante nórdico cruzando el mar hacia costas nuevas.
Y ahí empieza lo raro. Plant dijo después que no estaban siendo pomposos: de verdad venían de la tierra del hielo y la nieve. La canción era, en el fondo, una broma. Los vikingos eran ellos: una banda inglesa que llegaba a cada ciudad, arrasaba y se iba.
El chiste se les fue de las manos. Los fans se lo tomaron en serio, y el martillo de los dioses acabó como título de la biografía más famosa de la banda.
El disco salió en noviembre de 1970 y la canción abrió sus conciertos dos años seguidos. En 2017 el mismo grito abrió Thor: Ragnarok, la película del dios del martillo. Plant volvió a cantarla en Islandia en 2019, casi cincuenta años después.







