
Nothing Else Matters no se escribió para Metallica. James Hetfield la escribió para una sola persona.
Estaba de gira, lejos de casa, y hablaba por teléfono con su novia de entonces. Con una mano sostenía el auricular; con la otra rozaba las cuerdas al aire de la guitarra. Ese arpegio, que no necesita ni un dedo sobre el mástil, es el principio de la canción.
La letra es esa llamada. Alguien a miles de kilómetros que promete que la distancia no cuenta, que confía, que nunca se había abierto así y que no le importa lo que digan los demás.
Y ahí empieza lo raro. Hetfield no pensaba enseñársela a nadie. Para él, Metallica eran canciones sobre destruir cosas y sangrar por el público. Una canción de amor era, según dijo, una enorme señal de debilidad.
Pero Lars Ulrich la oyó y la quiso en el disco. Michael Kamen le escribió arreglos de orquesta, y en agosto de 1991 salió en el Álbum Negro.
Años después, Hetfield lo explicó: era una canción para él solo, en su cuarto de gira, triste por estar lejos de casa. Cerca, sin importar lo lejos.
Todo lo demás no importa. La que él creía la menos Metallica se volvió fija en sus conciertos. En 1999 la tocaron con la Sinfónica de San Francisco, y en agosto de 2021 su video pasó los mil millones de vistas en YouTube, el primero de la banda.
Ese mismo año, Miley Cyrus la grabó con Elton John. Y cuando Elton le dijo que era una de las mejores canciones jamás escritas, a Hetfield se le salieron las lágrimas.







