
Rob Halford entró a una entrevista de MTV a promocionar un disco. Salió siendo el primer gran vocalista del heavy metal abiertamente gay. No lo tenía planeado.
Nueva York, febrero de 1998. Halford ya no está en Judas Priest: se fue a principios de los noventa. Viene a hablar de un proyecto nuevo, industrial, que sacó con el sello de Trent Reznor.
Lleva casi treinta años cantando heavy metal vestido de cuero y tachas. Ese uniforme, el que copió medio género, lo trajo él de los bares gay de Londres al escenario. Nadie en el público lo sabía. En su banda, en la disquera y en su equipo lo sabían desde hacía años.
En medio de una respuesta, lo dice sin darle importancia. Él lo recordó así: bueno, hablando como hombre gay, bla, bla, bla.
Y ahí empieza lo raro. Halford contó que oyó la tabla del productor rebotar en el suelo.
Esperaba que se le viniera el mundo encima. Lo dijo después: me convencí a mí mismo de que me iban a rechazar.
No pasó. Llegaron montones de cartas de fans. Muchos le decían la misma cosa: siempre pensamos que eras gay de todos modos. Otros le escribieron que les había dado esperanza.
Volvió a Judas Priest en 2003 y sigue ahí.
En 2021, mirando atrás, dijo dos cosas. Que si lo hubiera pensado bien, quizá no lo habría hecho. Y que fue un momento glorioso.
Una entrevista para promocionar un disco, una tabla que cae al suelo y un género que aprendió algo esa tarde.







