
A Dave Mustaine lo despertaron a las nueve de la mañana para decirle que estaba fuera de Metallica. Una hora después ya iba en un autobús. Cuatro días de viaje.
Nueva York, 11 de abril de 1983. Metallica acaba de manejar desde California para grabar su primer disco.
Mustaine lleva dos años en la banda. Es el guitarrista líder y escribió parte de las canciones. También es, en sus propias palabras, un borracho violento. Según se ha contado, una vez le vació una cerveza dentro del bajo a su compañero, que recibió una descarga al conectarlo. Otra vez le rompió la boca a James Hetfield de un golpe.
Esa mañana, Hetfield, Ulrich y Cliff Burton lo despiertan con resaca y le dicen que está fuera. Sus cosas ya están empacadas. Mustaine pregunta a qué hora sale su avión.
No hay avión.
Y ahí empieza lo raro. Le dan un boleto de autobús que sale una hora después. Cuatro días de Nueva York a Los Ángeles. Hetfield lo deja en la esquina de la calle cuarenta y dos con la Octava Avenida y se va.
Lo que Mustaine no sabía: su reemplazo ya estaba contratado desde el primero de abril. Kirk Hammett tocó su primer concierto cinco días después.
En ese autobús, Mustaine escribe letras al reverso de un volante político. En el volante aparece una palabra: megadeath. La escribe mal a propósito y funda Megadeth.
Kill ’Em All salió tres meses más tarde con cuatro canciones firmadas por él. Ride the Lightning lleva dos más.
Mustaine lo resumió en cuatro palabras: sin aviso, sin segunda oportunidad. Y años después admitió lo otro: en cierto modo me lo gané yo solito.







