
Glenn Danzig escribió una canción para Johnny Cash en veinte minutos. Cash la grabó esa misma noche. Y se volvió una de las últimas grandes canciones de su vida.
Los Ángeles, diciembre de 1993. Johnny Cash tiene sesenta y un años y su carrera está en el suelo. Toca en ferias de condado y ninguna disquera grande lo quiere.
Un productor de rap y de metal, Rick Rubin, lo firma para su sello. La idea es grabarlo solo, con una guitarra acústica y nada más. Rubin cita compositores en su casa, una hora cada uno, para que le toquen canciones.
Uno de los que llama es Glenn Danzig, el cantante de Misfits. Nadie asocia el horror punk con el country. Cuando le preguntan si sabe quién es Johnny Cash, Danzig contesta: por supuesto que sé quién es.
Cuelga el teléfono y la escribe de corrido. Veinte minutos.
La canción se llama Thirteen. Trece. Habla de un hombre que nació un viernes trece, con mala suerte en el nombre y en la mano. Es un retrato de Cash escrito por alguien que solo lo conocía de lejos.
El 7 de diciembre de 1993, Danzig se la toca en la casa de Rubin. Cash la escucha, se pone a tocar encima y la graba esa misma noche. Danzig contó después: cuando empezó a cantar, su voz llenó el cuarto.
American Recordings salió en abril de 1994 y devolvió a Cash al centro del mundo. Danzig grabó su propia versión cinco años más tarde.
Veinte minutos de trabajo y una canción que Cash cantó como si hubiera sido suya toda la vida.







