
En 1969 Alice Cooper lanzó una gallina viva al público creyendo que iba a volar. Al día siguiente era el hombre más temido del rock.
Toronto, 13 de septiembre de 1969. Festival Rock and Roll Revival, estadio Varsity. En el cartel están Chuck Berry, Jerry Lee Lewis, The Doors y John Lennon. La banda de Alice Cooper toca temprano y casi nadie sabe quién es. Acaban de firmar con el sello de Frank Zappa.
El show termina siempre igual: almohadas de plumas abiertas sobre el escenario. Pero esa noche, entre las plumas, hay una gallina viva. Nadie supo nunca quién la subió.
Vincent Furnier, el cantante, nació en Detroit y nunca había pisado una granja. Ve un animal con alas y saca la conclusión lógica: si tiene alas, vuela. La toma y la lanza sobre la gente, imaginando que alguien se la llevaría a su casa.
Y ahí empieza lo raro. La gallina no voló.
Al día siguiente la historia está en la primera plana de los periódicos. Solo que no es la historia que pasó. Según los diarios, el cantante había hecho con el animal algo mucho peor, en pleno escenario. Nada de eso ocurrió.
Esa tarde suena el teléfono. Es Frank Zappa. Le pregunta si mató a la gallina. Furnier le dice que no. Zappa le contesta: no se lo digas a nadie, a todos les encanta.
Y nunca lo desmintió. El rumor le construyó el personaje que sigue llenando estadios cincuenta años después.
La gallina que no voló levantó una carrera entera.







