
En los ochenta, medio Estados Unidos creía que KISS eran siglas. Que cada letra escondía una frase sobre servir a fuerzas oscuras. Esa frase nunca existió.
Nueva York, enero de 1973. Tres músicos buscan nombre para su banda nueva. Peter Criss menciona que estuvo en un grupo llamado Lips. Paul Stanley contesta: ¿y qué tal Kiss? Se quedan con esa. Stanley lo explicó así: era una palabra que funcionaba en cualquier idioma.
Ese mismo año, Ace Frehley dibuja el logotipo sobre un cartel viejo y hace que las dos últimas letras parezcan rayos. El 30 de enero de 1973 tocan por primera vez, en Queens.
Y ahí empieza lo raro. En marzo de 1976 aparecen los primeros manifestantes afuera de un concierto en Harrisburg, Pensilvania, repitiendo que el nombre son siglas. Entre 1979 y 1980 la idea se vuelve una ola: sermones, programas de radio. El club oficial de fans tiene que publicar un desmentido.
Simmons tardó en negarlo. Contó después que el rumor le regalaba prensa.
Pero el nombre no es un acrónimo. Stanley lo soltó en un coche y lleva cincuenta años diciendo lo mismo. En 2023 lo resumió: somos listos, pero no tanto.
Queda un detalle. En Alemania, desde 1980, esas dos letras se dibujan con las puntas planas: la ley prohíbe cierto símbolo histórico y el logotipo se parecía demasiado. Frehley siempre dijo que él pensaba en rayos.
Aquel pánico llevó a otra banda a un juicio de verdad. A KISS le dejó unas siglas que nadie escribió nunca.







