
El bajista de la banda era el conserje del club donde dieron su primer concierto.
Sunset Strip, Los Ángeles, veinticuatro de abril de 1981.
Antes de esa noche, lo pesado y lo brillante iban por caminos separados. Por un lado, el glam inglés de los setenta: T. Rex, Slade, Sweet. Botas, brillos y estribillos. Por el otro, Kiss, Aerosmith y Van Halen: espectáculo, riff y volumen.
En el Strip hay tres clubes que importan y cientos de bandas peleando por una noche. Whisky a Go Go, Roxy, Starwood. Las disqueras no bajan a verlas.
Mötley Crüe llena la sala noche tras noche y sigue sin contrato. Así que hacen lo único que se les ocurre: inventan su propio sello discográfico. Lo llaman Leathür Records y ponen ellos el dinero.
Y ahí empieza lo raro. En octubre de 1981 entran al estudio más barato que encuentran, Hit City West. Tres días de grabación. Dos mil quinientos dólares. Ellos mismos como productores. El diez de noviembre sale la primera tirada: novecientas copias. No hay distribuidora grande ni radio. Las venden a mano, en los conciertos y en la calle.
En cuatro meses habían vendido veinte mil discos.
Elektra los firma y reedita el álbum en agosto de 1982. Lo nuevo no era solo el sonido: el maquillaje, el pelo y la pose eran parte del disco, y los estribillos eran de radio sobre riffs de hard rock.
Del hard rock y el glam setentero sale el glam metal.
Una avenida entera se pagó su propio disco.







