
En el verano de 1990 un tribunal de Reno absolvió a Judas Priest. Menos de un mes después contestó con el disco más rápido de su carrera.
Inglaterra, finales de los ochenta. Priest venía de dos discos tibios, Turbo y Ram It Down, y las bandas de thrash que crecieron copiándolos sonaban más pesadas que ellos. El juicio de Reno, que ya contamos en otro video, les comió seis semanas.
Lo primero que cambian es la batería. En 1989 contratan a Scott Travis, de Racer X: veintiocho años y doble bombo, una velocidad que Priest nunca tuvo.
Y ahí empieza lo raro. Enero de 1990, estudio Miraval, en el sur de Francia. Los ingenieros colocan los micrófonos de la batería y Travis calienta con un patrón que se le acaba de ocurrir. Rob Halford, Glenn Tipton y K.K. Downing lo oyen desde la consola y deciden ahí mismo que ese calentamiento va a abrir el disco.
Con Chris Tsangarides de productor graban todo en dos meses. Halford canta más agudo que nunca. Tipton y Downing afilan el riff hasta dejarlo más rápido que el thrash que los alcanzó.
La portada la pinta Mark Wilkinson: un personaje de metal montado en una motocicleta, encima de un mundo que se destruye. Las ruedas son discos de sierra. Wilkinson los vio colgados en una ferretería, camino a su estudio.
Painkiller sale el 17 de septiembre de 1990. En mayo de 1992 Halford deja la banda. El disco con el que Priest contestó a un tribunal acabó siendo su despedida.







