
Randy Blythe bajó de un avión en Praga para dar un concierto y lo esperaba la policía. Lo acusaban por una noche que ni siquiera recordaba.
Praga, 24 de mayo de 2010. Lamb of God toca en el club Abaton. Un joven de diecinueve años sube al escenario varias veces. La última vez cae, se golpea la cabeza y muere semanas después. La banda sigue de gira; nadie le avisa a Blythe.
Dos años después, el 27 de junio de 2012, el avión aterriza en Praga. Blythe cruza migración y lo detienen ahí mismo. La acusación: homicidio culposo, por haberlo empujado del escenario. Hasta diez años de cárcel.
Y ahí empieza lo raro. Lo mandan a la prisión de Pankrác. Fianza: cuatro millones de coronas, unos doscientos mil dólares. La banda paga. El fiscal impugna y la fianza sube al doble. Vuelven a pagar. Blythe sale a principios de agosto, tras cinco semanas.
Ya en casa, sus abogados le dicen que no tiene por qué volver. Blythe contesta que la familia de ese joven merece saber qué pasó. En febrero de 2013 toma otro avión a Praga, ahora para sentarse en el banquillo.
El juicio dura seis días. El 5 de marzo de 2013 el tribunal lo absuelve: no hay responsabilidad penal; la falla grave fue de la organización del concierto, que dejó subir gente al escenario. La fiscalía apela y el tribunal superior confirma.
Blythe volvió a Praga por su voluntad y salió libre. La noche del Abaton no la recuerda. La de su regreso, sí.







