
Sepultura grabó en una aldea sin luz eléctrica el canto que da nombre a su disco más vendido. Y el generador se apagó justo cuando terminaron.
Mato Grosso, Brasil, noviembre de 1995. Sepultura, la banda de metal más grande de Sudamérica, prepara el disco que sigue a Chaos A.D.
Max Cavalera quiere que suene a Brasil de verdad. No a samba de postal: a las raíces. Pide algo que nadie había pedido: grabar con los xavantes, en su aldea. La respuesta tarda casi un año.
Aterrizan en Pimentel Barbosa en cuatro avionetas Cessna, con el productor Ross Robinson. Max dijo que el avión parecía un Volkswagen por dentro.
La aldea no tiene electricidad. Robinson conecta las máquinas a generadores. Los xavantes les explican algo que cambia el disco: ellos no escriben canciones. Solo cantan lo que alguien de la tribu soñó. Y ahí empieza lo raro.
El 5 de noviembre, los ancianos comparten un canto de curación, el Datsi Wawere. Max y Andreas Kisser lo acompañan con guitarras acústicas; Igor y Paulo, con timbaus. Una sola toma, en vivo, sin arreglos.
En el instante en que termina, los generadores se apagan. Robinson ya lo había capturado todo.
Esa grabación es Itsári. En lengua xavante significa raíces. El disco entero se llamó así: Roots. Salió en 1996 y vendió más de dos millones de copias. El canto reaparece en Born Stubborn y atraviesa todo el disco.
Diez meses después, Max dejó Sepultura. Fue su último disco con la banda que fundó.
Un canto soñado, una sola toma y un generador que aguantó justo lo necesario.







