
En la portada de Somewhere in Time hay un letrero escrito al revés que dice: esta es una pintura muy aburrida. Lo escondió el mismo pintor.
Londres, 1986. Iron Maiden graba su sexto disco entre Bahamas y Holanda. Quieren a Eddie en el futuro. Le piden a Derek Riggs una ciudad de ciencia ficción, como la de Blade Runner.
Riggs pinta a Eddie como cíborg en una calle de noche, con lluvia y neones. Y llena la ciudad de guiños. Un reloj marca las once cincuenta y ocho: dos minutos para medianoche. Un pub se llama Ruskin Arms, el de sus primeros conciertos. Una torre, Bradbury. Hay un restaurante Ancient Mariner, un gato negro con aureola y un marcador de futbol: West Ham siete, Arsenal tres.
Y ahí empieza lo raro. La pintura mide treinta y ocho por ochenta y un centímetros y Riggs tardó tres meses. Dijo que se le metió en la cabeza. Hay letras en cirílico, en yidis y en chino, copiadas de anuncios de crema para el acné. Y ese letrero reflejado en una ventana: esta es una pintura muy aburrida.
El disco sale el 29 de septiembre de 1986. Los fans llevan cuarenta años contando guiños: unos dicen treinta y dos, otros treinta y nueve. Riggs confirmó el reloj, el pub, la torre Bradbury, el bar Tehe, donde grabaron coros, y la tienda Websters, por el director de arte de EMI. Y los músicos que pintó en la calle miden lo que una estampilla.
Nunca volvió a pintar algo tan enredado. Él mismo lo dijo. Cuarenta años después, la gente sigue buscando.







