
Nueve tipos de Iowa se pusieron máscaras, se cambiaron los nombres por números y llenaron estadios. Durante años, casi nadie supo cómo se llamaban.
Des Moines, Iowa, 1995. Un percusionista llamado Shawn Crahan llega a un ensayo con una máscara de payaso comprada en una tienda. Se la pone para tocar. A los demás les gusta la idea.
Nace Slipknot. Nueve músicos. Overoles de trabajo iguales, como los de una fábrica. Y en la espalda, un código de barras.
En 1997 dan el siguiente paso: cada miembro deja de usar su nombre. Ahora son un número, del cero al ocho. El cero es el DJ. El ocho, el cantante, Corey Taylor.
La idea la explicó el propio Taylor: somos un producto. Era una burla a la industria. Ustedes quieren vendernos, pues aquí está el código de barras.
Pero eso no fue lo peor.
El primer disco sale en 1999 y vende millones. Y la máscara deja de ser un chiste. Los fans no saben quién es quién. Las entrevistas se hacen con la máscara puesta. Las revistas publican fotos sin rostros.
Crahan lo dijo en 2002: la máscara es nuestra forma de meternos más adentro de la música. No era esconderse. Era desaparecer como personas para que solo quedara el sonido.
Con los años, los nombres se filtraron. Los números perdieron peso, sobre todo cuando murió el bajista Paul Gray, el número dos, en 2010. Pero las máscaras siguen ahí.
Nueve máscaras, nueve números y un código de barras que se volvió bandera.







