
El chofer del autobús de Ozzy tomó una avioneta prestada para hacer una broma. Falló por centímetros.
Leesburg, Florida. 19 de marzo de 1982. La banda de Ozzy Osbourne viaja de noche hacia el siguiente show. El chofer, Andrew Aycock, para el autobús junto a una pista de aterrizaje privada. Hay un hangar. Y dentro, una avioneta Beechcraft de 1955 que no es suya.
Aycock tiene licencia de piloto, pero vencida. Sube primero al tecladista y al manager. Sobrevuela el autobús a baja altura para despertar al baterista. Se ríen. Aterriza.
Segundo vuelo. Randy Rhoads, el guitarrista de 25 años, le tiene miedo a los aviones. Pero quiere tomar fotos desde el aire. Sube con Rachel Youngblood, la modista de la gira. Ozzy y Sharon duermen en el autobús.
La avioneta pasa una vez. Dos veces. En la tercera pasada, el ala roza el techo del autobús.
Pero eso no fue lo peor.
El ala se rompe. La avioneta gira, corta la copa de un pino y se estrella contra el garaje de una casa. Ozzy despierta con la explosión y cree que chocaron con otro coche. Los tres a bordo mueren al instante.
La autopsia encontró cocaína en el piloto. En Randy, solo nicotina. Tenía planes de dejar la banda para estudiar guitarra clásica. Tenía 25 años.
Ozzy dijo años después que Randy le había dado un propósito. Y que todavía toma antidepresivos por esa mañana.
Un chofer con licencia vencida, una avioneta prestada y tres pasadas. La tercera fue la última.







